La vieja guardia

En los últimos tiempos, la cúpula directiva de Apple ha sufrido movimientos silenciosos de calado. Los veteranos que sobrevivieron a las trincheras de Steve Jobs, esos que sudaban tinta para sacar adelante un iPod al que le quedaba espacio abierto en su interior o levantar el imperio de las tiendas físicas, están cogiendo la puerta y marchándose a casa (o a la competencia).

Tim Cook ha pasado a la presidencia ejecutiva y ha cedido oficialmente el testigo del mando operativo a John Ternus, abriendo una era inédita en la historia reciente de la compañía donde el conservacionismo de despacho deja paso a caras nuevas, frescas y arriesgadas (o eso se espera). Pero no ha sido un simple relevo en el punto más alto de la cúspide, la desbandada en el organigrama de la manzana ha afectado a pilares históricos que parecían inamovibles. Y no me refiero a Jhony Ive, que hace años ya.

Ahí tenemos a Jeff Williams, el histórico cerebro de la cadena de suministro global y artífice líder invisible del Apple Watch original, que ha decidido jubilarse y dejar un vacío operativo colosal. Me duele especialmente su marcha porque era mi apuesta personal para el puesto de CEO sucesor de Tim Cook. Seguramente la edad más joven de Ternus habrá sido determinante.

O a Dan Riccio, que por fin cierra su ciclo tras décadas pilotando el hardware más ambicioso de la casa, desde el iPad original hasta las costosas y pesadas Vision Pro, de cuya división fue Jefe (¿habrá sido por eso?). 

Pero la purga no se queda ahí. En el departamento de diseño, Alan Dye decidió hacer las maletas, tras casi dos décadas, para fichar nada menos que por Meta como director de diseño. Se reconoce a Dye su contribución al quedarse al frente de la división de interfaz de usuario tras la salida de Ive y desde entonces permaneció allí. Sé lo que estás pensando. Sí, él fue el responsable conceptual de la interfaz Liquid Glass. Casi que me alegra su partida. No soporto Liquid Glass.

En la parcela de la inteligencia artificial, John Giannandrea se retiró de la primera línea tras el varapalo y la consiguiente reestructuración de los modelos fundacionales marca de la casa. Fue cabeza de turco tras el escándalo de la primera pifia de Apple Intelligence. Esa campaña publicitaria con funciones avanzadas que no llegaban y que generó demandas y dolores de cabeza a la compañía. Aunque la verdad de esta historia creo que pasó desapercibida ante nuestras narices. Y es que en el organigrama oficial de Apple, bajo el nombre de Giannandrea había un texto redactado que describía su puesto y que terminaba diciendo: “reporta directamente a Tim Cook”.

Incluso la retaguardia institucional y legal se resquebraja. Kate Adams dejó la dirección legal tras una década blindando la privacidad de la marca, y Lisa Jackson colgó las botas al frente de las políticas medioambientales. A esta última la recordaremos siempre porque se subió al tejado del edificio en forma de anillo de Apple para mostrarnos sus placas solares y también por el bochornoso anuncio en el que la madre naturaleza visitaba las oficinas de Apple y conversaba con su equipo directivo sobre lo bien que lo estaban haciendo con sus medidas de protección. Yo recordaré a esta señora (cada día) por ser la responsable de eliminar los cargadores de las cajas de los dispositivos de Apple (que cuestan un riñón) y también por haber eliminado las míticas pegatinas de la manzana mordida. ¡Sacrilegio!

Finalmente, Phil Schiller. Aunque sigue figurando como un testimonial Apple Fellow, ha dado un paso atrás definitivo en la gestión directa de la App Store y de otros productos y keynotes. Apple relata en su membrete un genérico “otros proyectos”. A este muchacho siempre lo he considerado un soberbio directivo, alejado de mis preferencias eso sí. Pero, a regañadientes, tengo que admitir que, en la guerra contra Epic Games, la documentación hecha pública en el sumario judicial desveló que Shiller supo dar la talla y fue el único miembro del equipo directivo de la compañía que defendió las tesis más cercanas a las posiciones del Juez. Sólo por eso merece ser recordado con afecto.

¿Y qué pasa con el último mohicano? Tranquilos, que el pelazo mejor pagado de Silicon Valley, Craig Federighi, sigue al pie del cañón, sonriendo a cámara y soportando el chaparrón de parches y betas. Y Srouji, ese señor que parece que siempre que te habla te está regañando, responsable del silicio propio de Apple, también se queda (de momento) tras haber amagado con irse.

La vieja guardia se desvanece, el trono cambia de manos y la maquinaria de Cupertino entra en territorio ignoto. ¿Sobrevivirá el ADN de la compañía a esta purga ejecutiva o nos encaminamos hacia una corporación genérica más? No nos olvidemos de que, a pesar de todo, Ternus fue compañero durante años de Steve Jobs. En YslaMac seguiremos atentamente los movimientos de esta nueva tripulación.

Sixto cámara

El Piloto

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