Lenovo (otra vez)

Hay marcas que nos conquistan desde el minuto cero.

Otras nos cortejan durante un tiempo y, al final, claudicamos ante sus encantos.

Y luego están las que aparecen casi por serendipia: una oferta puntual, una recomendación casual, una promoción inesperada… Aprovechan su oportunidad y, casi sin darnos cuenta, pasan a formar parte de nuestro ecosistema tecnológico hasta convertirse en un valor seguro.

De eso trata el post que estás leyendo. De cómo, sin ser consciente de ello, una marca concreta fue forjando su prestigio dentro de mi universo particular.

Si hay una marca que, por antonomasia, ha rozado la perfección, esa es Apple.

Sí, ya sé que le doy mucha caña y que no atraviesa su mejor momento. Pero tampoco podemos negar que es una leyenda viva de la tecnología de consumo. Apple no es solo calidad: es innovación, diseño, experiencia y garantía. Aunque ahora mismo esté algo desorientada (en mi opinión), se ha ganado a pulso su imagen de marca y todavía conserva crédito suficiente como para que muchos le “perdonemos” ciertas derivas.

Gracias a eso, Apple juega con ventaja. Lo tiene más fácil que otras para vender y colocar sus productos. Dice #elCódigofuente de YslaMac que si Apple sacara una “mierda” dentro de una caja bonita vendería millones … porque hay millones de personas dispuestas a comprar lo que sea que lleve la manzana serigrafiada.

Pero no todas las marcas pueden permitirse eso.

Otras, incluso teniendo buenos productos, lo tienen bastante más difícil. No lograron construir ese prestigio. Siguen estrategias distintas. Algunas cuentan con menos recursos y los optimizan mejor. Otras, simplemente, juegan en ligas diferentes. Y aquí hablamos no solo de marcas “principales”, sino también de segundas marcas y marcas subsidiarias.

Yo soy fanboy de Apple, sí. Pero mi monitor externo no es Apple.

No puedo —ni quiero— pagar lo que cuestan sus displays externos, así que busqué una alternativa. Ya te hablé de ello en otro momento: opté por un ThinkVision de Lenovo. Con el paso de los años no me he arrepentido en absoluto. Me ofrece justo las prestaciones que necesito a un precio razonable. Y, lo más importante, incluso fuera de garantía la marca respondió cuando tuve un problema de hardware. Me costó “llorarles” un poco, no lo voy a negar, pero finalmente se enrollaron y me lo solucionaron sin coste alguno.

Aquella buena experiencia hizo que, cuando necesité un segundo monitor para mi setup de standing desk, volviera a buscar —en mi tienda de cabecera favorita: Wallapop— otro monitor de la misma marca.

La existencia de alternativas es fundamental.

Otro ejemplo: uso unos auriculares Bluetooth de la marca Jabra (marca ya difunta, por cierto) que son una auténtica maravilla. Su precio original era prohibitivo para mí, pero —otra vez Wallapop mediante— encontré a alguien que los había recibido como regalo y no los quería porque usaba AirPods. Los compré por 70 €, nuevos y precintados.

No necesito AirPods. No me gustan los AirPods.

Y Apple, ni con AirPods ni con Beats (ya tuve unos y no se llevaban bien con mi Garmin), me ofrecía una alternativa que encajara conmigo. A lo largo de los años han pasado por casa unos cuantos auriculares Bluetooth. En nuestro hogar, los “cabezas de familia” solemos usar auriculares de primera marca. Para las peques, por cuestiones de edad, buscamos siempre alternativas con buena relación calidad-precio, pero a un coste más contenido. Nos parece absurdo superar ciertos límites teniendo en cuenta el uso —y el “cuidado”— que previsiblemente van a recibir.

En ocasiones recurro a artículos de bazar de supermercados como Aldi o Lidl. A veces aparecen auténticas joyas a precio de ganga. Sus prestaciones son básicas, sí, pero su rendimiento puede ser sorprendentemente bueno.

Eso mismo ocurrió con unos auriculares para mi hija pequeña, usuaria intensiva (e incombustible) de Spotify. Los encontré de oferta en Aldi, en esos pasillos centrales que tanto daño hacen a nuestra tarjeta bancaria. Eran bonitos, blancos, bluetooth, de diadema. Marca: MediOn. Precio: 19 €.

Nada más recibirlos, hicieron las delicias de mi hija. Aguantaron sin problemas su uso intensivo durante dos años y medio. Hasta que un día, sin previo aviso, dejaron de emitir sonido por el auricular derecho.

Como soy de los que guardan todos los tickets, y aún no habían pasado los tres años de garantía que nos protege la UE, me dispuse a reclamar, pero … horror … el ticket no aparecía por ningún lado.

Sin arrugarme, decidí contactar con el SAT de MediOn. Total, no tenía nada que perder. Intercambié un par de correos, adjuntando fotografías del producto desde todos los ángulos imaginables (un reportaje, vaya) y del embalaje original. En el primer contacto no me dieron demasiadas esperanzas: sin ticket, no había prueba válida de compra.

Aun así, me pidieron unos días para estudiar el caso.

Esperé resignado.

No había terminado la semana cuando recibí un nuevo correo del SAT de MediOn. Finalmente aceptaban enviarme unos auriculares nuevos, a pesar de no haber presentado el ticket de compra. Los recibí pocos días después, en casa, por mensajería… y sin necesidad de devolver los averiados.

Alucina.

Nada más recibirlos respondí al correo agradeciendo la atención recibida. Y al releer la conversación completa caí en la cuenta de un detalle que hasta entonces me había pasado desapercibido.

Todos los correos llevaban el mismo membrete:

MediOn / Lenovo

¿Lenovo?

¿Otra vez?

Ahora sí que me tienes ganao.